Nacemos, crecemos, nos reproducimos (o no) y morimos. Cabe en media línea y, sin embargo, es el clásico resumen perfecto de toda una vida.

En España, la esperanza de vida se sitúa en los 80 años para los hombres nacidos en 2013 y en los 85 años para las mujeres, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Ocho décadas que pasan como un suspiro. Cuantos más años transcurren, más rápido parece avanzar el tiempo.

Siendo niños, los veranos se hacen eternos; de adultos, cualquier época del año pasa en un abrir y cerrar de ojos. Antes de que nos demos cuenta será Navidad otra vez. Aunque aún no se ha hallado ningún área específica del cerebro destinada a la percepción del tiempo, distintos experimentos demuestran que esa sensación de que la vida se está acelerando existe.

Conforme nuestra vida se alarga, las fracciones de tiempo vividas representan un porcentaje menor. Esa es la clave que explica la extraña sensación de aceleración del tiempo. “Sucede porque percibimos el tiempo relativo en relación al tiempo absoluto con el que podemos compararlo”.

Así, “cuando tenemos 4 semanas, una semana representa un cuarto de tu vida”, pero cuando un niño tiene un año entero, una semana ya solo es el 2% de su existencia. Llegados los 50 años, el 2% es un año completo, por lo que se percibe igual de rápido. Lo dicho: el tiempo vuela.

Más allá de la comprensión de un fenómeno que hace que el tiempo parezca más fugaz de lo que es y que los años caigan como una losa, el verdadero mensaje es todo un clásico: “el tiempo pasa volando y la vida es corta. ¡Haz cosas ya!”.